Qué preguntar a un abuelo que emigró a Suiza o Alemania en los años 60: 7 claves

Si buscas qué preguntar a un abuelo que emigró a Suiza o Alemania en los años 60, empieza por el día que decidió irse, sigue por el viaje y la llegada, y acaba por los años allí y la vuelta (si la hubo). Esas seis etapas contienen la historia entera, y con veinte o treinta preguntas repartidas entre ellas tendrás una conversación que ninguno de los dos olvidará.

Muchas familias españolas tienen en su árbol a alguien que se marchó a Basilea, a Frankfurt o a Stuttgart buscando trabajo. Se hablaba poco de aquel episodio, así que hoy solo quedan fotos con nieve y frases sueltas. Preguntar a tiempo es la única forma de que esa parte del legado familiar no se quede sin contar.

Por qué esta emigración merece sus propias preguntas

La marcha a Suiza o Alemania en los años 60 no fue un viaje cualquiera. Fue una decisión que se tomaba con poco tiempo, con contratos gestionados por organismos oficiales entre España y aquellos países, con un visado, con un billete de tren o de avión y con una maleta que cabía poco. Quien la vivió suele decir que lo cambió todo: el oficio, el idioma, la pareja, la manera de entender la vida.

Por eso las preguntas genéricas sobre «su juventud» se quedan cortas. A tu abuelo le interesa más contar cómo se llenó un formulario que no sabía leer del todo, o la primera noche en una residencia de trabajadores, que un listado abstracto de recuerdos. Si le das estructura, la conversación avanza sola.

Las etapas de la emigración y qué preguntar en cada una

Una buena forma de no olvidar nada es seguir el orden natural de su historia. Estas son las etapas que funcionan mejor.

Antes de marcharse, en el pueblo o en la ciudad

  • ¿Quién decidió irse y cómo se enteró el resto de la familia?
  • ¿Qué trabajo tenías entonces y por qué no bastaba?
  • ¿Conocías a alguien que ya hubiera emigrado antes?
  • ¿Qué te dijeron tus padres cuando se lo comunicaste?
  • ¿Qué te llevaste en la maleta y qué dejaste a propósito?

El viaje y la primera llegada

  • ¿Cómo fue el trayecto? ¿Tren, avión, en grupo o solo?
  • ¿Recuerdas la primera ciudad, la primera calle, la primera casa?
  • ¿Qué fue lo primero que te llamó la atención al bajar?
  • ¿Cuánto tardaste en hacerte entender con el idioma?

El trabajo y los años allí

  • ¿En qué trabajaste y cómo conseguiste aquel puesto?
  • ¿Cómo era la jornada y con quién compartías las comidas?
  • ¿Tuviste accidentes, malos momentos o días en los que pensaste en volver?
  • ¿Escribíais cartas? ¿Cada cuánto y quién las leía en casa?

La familia, los viajes y el regreso

  • ¿Conociste allí a tu pareja o estabais casados ya?
  • ¿Cuándo nacieron los hijos y dónde?
  • ¿Cuántas veces volviste a España durante esos años?
  • ¿Volviste a vivir aquí para siempre o te quedaste más de lo que pensabas?
  • ¿Qué te llevaste de aquella experiencia que sigues usando hoy?

No hace falta hacerlas todas en una tarde. Con una conversación de sobremesa y el cuaderno por delante basta, porque el objetivo es que te cuente, no que rinda un examen.

Cómo plantear las preguntas sin que suenen a interrogatorio

La emigración fue, para muchos, un sacrificio con cara dura. Hay recuerdos duros: la separación de los padres, los inviernos, la nostalgia. La mejor táctica es que tú también cuentes algo antes de preguntar. Un «siempre he querido saber cómo era aquel piso en el que vivisteis» abre más puertas que una pregunta seca.

Los objetos ayudan muchísimo. Un contrato viejo, una foto del grupo de trabajadores, una caja de cartas o un pasaporte sellado convierten cada pregunta en una escena. Y si tu abuelo se atasca, cambia de etapa o pasa del tema a las recetas de la abuela, que también llegaron con ella desde allí o se adaptaron al nuevo país. En ese terreno ya tienes otro recurso para tener a mano, como el libro de recetas para guardar las recetas de la familia con su historia, que funciona muy bien para quién cocina a partir de lo que se aprendió lejos de casa.

Si te cuesta saber por dónde empezar o prefieres un formato con las preguntas ya preparadas, la guía sobre cómo elegir entre un diario guiado y un cuaderno en blanco para un abuelo te ayuda a decidir qué formato le vendrá mejor, y el artículo con preguntas sobre la mili y su juventud te da material extra para los años anteriores a la marcha.

Un plan de conversación en tres tardes

Para que no sea una tarea eterna, proponle dividirlo en tres sesiones cortas.

Tarde Etapa que toca Material que conviene tener cerca
Primera El pueblo de origen y la decisión de irse Fotos antiguas, cartas o documentos del pueblo
Segunda El viaje, la llegada y los años de trabajo Contrato, fotos en Suiza o Alemania, pasaporte
Tercera La familia, las visitas y la vuelta Fotos familiares, recetas, objetos que trajo

Reparte las preguntas por sesiones y anota las respuestas a mano mientras habláis. Escribir con su letra lo que él va contando, o dejar que él mismo las rellene, es lo que convierte esas tardes en un tesoro que podrá leer tu familia dentro de muchos años.

Qué hacer con lo que te cuente

Capturar la conversación es tan importante como tenerla. Tienes varias opciones, según cómo le vaya el pulso y las ganas de escribir.

  • Grabar en audio con el móvil mientras habláis, con su permiso, para tener la voz de por vida.
  • Tomar notas tú mismo y luego pasarlas a limpio con las fotos de los documentos.
  • Usar un libro guiado de recuerdos para abuelo, con las preguntas impresas, para que él pueda rellenarlo a su ritmo o dejaros hacerlo juntos cada tarde.

La tercera opción es la más cómoda cuando alguien no sabe por dónde empezar o se bloquea frente a una hoja en blanco. Y si después de estas conversaciones te entran ganas de organizar más recuerdos de la familia, tienes ideas paso a paso en nuestro artículo sobre regalos personalizados para abuelos, que incluye formas de presentar lo que ya habéis recopilado.

Cuándo es el mejor momento para hacerle estas preguntas

La respuesta corta es «en cuanto puedas». La larga es que las mejores ocasiones son las sobremesas de Navidad, un cumpleaños, una jubilación o simplemente un domingo tranquilo. Si empiezas a hablar de esto antes de que sea demasiado tarde, tendrás tiempo para las tres tardes, para las preguntas que se te ocurren después y para las que surgen a mitad de una historia que se alarga más de lo previsto.

Y si algo de esto te llega, porque tu abuelo ya tiene 80 y tú has tardado en atreverte, empieza por la pregunta más fácil. «¿Te acuerdas del día que saliste del pueblo?». A partir de ahí, la conversación casi siempre echa a andar sola.

En Quiero Conocer Tu Historia tenemos un libro guiado de recuerdos para abuelo, con más de 140 preguntas en 12 capítulos y formato A5, pensado para que se pueda rellenar a solas o juntos y que su historia quede escrita con su letra. Puedes verlo en nuestro libro guiado de recuerdos para abuelo, y si te animas, a partir de 30 € el envío sale gratis a toda España peninsular e Islas Baleares.

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